viernes, 7 de julio de 2017

INDONESIA PARTE II: SUMATRA, EN BUSCA DE LOS ORANGUTANES

Hola a todos! En esta entrada sobre Indonesia ya vamos a entrar en materia. Tras un montón de horas de vuelo aterrizamos en Kuala Lumpur a las 21 horas. Sólo hacíamos una noche porque nuestro vuelo salía muy temprano por la mañana, así que cogimos un hotel al lado del aeropuerto. Ya habría tiempo de ver la ciudad a la vuelta. Nuestra idea en Sumatra era pasar un par de días en Bukit Lawang, un pueblo en la selva a las puertas de un Parque natural, para poder observar orangutanes en su hábitat. El orangután es un simio de gran tamaño que vive únicamente en las selvas de Borneo y Sumatra, y cuyo hábitat se ha visto drásticamente reducido en los últimos años porque se destruye para plantar palma, de la que se obtiene el aceite de palma que encontramos en toda la comida basura y procesados del mercado. Ahora mismo sobreviven debido a que en los parques están protegidos, pero su única esperanza es que la gente tome conciencia y deje de consumir productos con este aceite, para que las empresas dejen de utilizarlo en sus productos y así su cultivo deje de resultar rentable.


En el aeropuerto de Medan nos estaban esperando, y allí comenzó un viaje de varias horas hasta Bukit Lawang. El primer contacto con el tráfico de este país ya nos enseñó que allí el caos es la ley. Los coches y las motos se mezclan con carricoches y peatones en carreteras con baches de un metro de hondo. Ver cuatro o cinco personas en moto con bebés sentados en el manillar es lo habitual, y los cascos brillan por su ausencia en la mayoría de casos. Cuando te acostumbras es muy pintoresco todo. Llegamos a Bukit Lawang, un pueblo justo en el borde del parque natural, en mitad de la selva, separado por un río, en el que cruzar de un lado a otro implica pasar por puentes inestables con tablones sueltos y cuerdas de metal como agarramanos.


Es el pueblo al que van todos los turistas que quieren hacer trekkings en la selva en busca de orangutanes, así que se mezclados con las casas de los lugareños encontramos casas para huéspedes y algún que otro hotel. Esto significa que, aunque Sumatra no sea muy turístico, en Bukit Lawang están más acostumbrados a ver occidentales. Sin embargo, les llamamos mucho la atención. Los niños pequeños salen corriendo de las casas para saludar (¡¡Hello, hello!!), y los que ya tienen más edad (adolescentes e incluso mayores) te paran para poder hacerse una foto contigo. También les encanta posar para que les hagas fotos.


El río es el centro neurálgico de la vida en el pueblo: Lo mismo aprovechan para lavar la ropa, las motos,  ellos mismos, lavarse los dientes, jugar, nadar...Absolutamente todo. Nuestra casa estaba a las afueras del pueblo, era la casa familiar del guía con anexos para los huéspedes. El jardín, como podéis comprobar, estaba cuidadísimo. Yo de todas maneras miraba fijamente antes de poner los pies descalzos en el suelo, que al fin y al cabo era la selva jajaja!! Aquí os dejo el enlace a su página por si queréis poneros en contavto con él.


A la mañana siguiente salimos para nuestro trekking, acompañados de Uddin, nuestro guía, dos guías más y una pareja de suizos que se alojaban en otra casa pero venían a la selva con nosotros. Al principio, hasta ver un pequeño mono nos emocionaba.


Uddin nos dió dos indicaciones: asegurarnos al agarrar una liana de que de verdad era una liana (y no una serpiente, brrr!) y que si por el motivo que fuera ellos nos decían que corriésemos, pues eso, que ancha es Castilla. El caso es que los orangutanes no son especialmente agresivos, pero son unos animales de más de dos metros de envergadura con una fuerza descomunal, y si por lo que sea se enfadan, o deciden que quieren comprobar que lleva dentro la mochila que llevas a la espalda, pueden hacerte bastante daño de un simple empujón o zarandeo.



Poco a poco, el bosque se fue haciendo más denso y la humedad más intensa. El Parque natural tiene un centro de recuperación de orangutanes que vela por la supervivencia de la especie. Esto significa que los orangutanes adultos que habitan allí, en muchos casos han pasado por el centro y saben que los humanos no sólo no son una amenaza en esa zona sino que incluso les llevan comida. Los jóvenes sí que son 100% salvajes. La primera parte del trekking fue muy "turística", con varios grupos que iban simplemente a hacer una excursión de día en chanclas. Aún así, cuando las copas de los árboles comenzaron a moverse y apareció una mamá orangutana con su pequeño la emoción es difícil de describir.



Hubo un poco de revuelo porque dejó al bebé suelto y ella bajó al suelo, lo que es una señal de alerta. Parecía además que había robado unas gafas de algún incauto. Los guías intentaron acercarse a recuperarlas pero la orangután se cabreó y ahí se oyó el ¡¡¡RUN RUN!!! del que os hablaba. Que parece de chiste hasta que echas a correr y pr el rabillo del ojo ves que el guía te está adelantando por la derecha con el culo por delante. Ahí te das cuenta que hay que acelerar jaja! Perdimos a dos miembros de nuestro grupo que acabaron con otro guía y nosotros adoptamos dos australianas, hasta que rato después nos juntamos todos de nuevo y rehicimos los grupos.


Pasado el sustillo seguimos la excursión. Allí ya seguimos sólo los que íbamos a hacer noche en la selva, así que aquello dejó de parecer el Corte Inglés en Rebajas y empezó a parecer la selva de verdad.


Cuando paramos a comer y descansar en un claro (arroz con verduras envuelto en una hoja, comido con la mano como si no lleváramos 5 horas tocando todo y nada limpio) comenzamos a oír unos ruidos en las copas de los árboles. Ante las indicaciones de los guías nos pusimos las mochilas (los monos son unos manguis) y nos dedicamos a otear hasta que apareció al sorpresa.


 Eran un par de hembras con sus bebés, y esta vez fue más especial porque estábamos solos. Una de ellas incluso bajó hasta donde estábamos para que les diéramos algo de fruta. Os juro que impresionan, son enormes!!


Tras esos momentos nos dirigimos hacia donde íbamos a pasar la noche. Los otros grupos iban a dormir en tiendas de campaña a orillas del río, pero nuestro guía había montado una choza en un alto, con unas vistas increíbles de la selva , donde dormir, aunque sin paredes, al menos con un suelo de madera bajo la esterilla y un techo de cañas sobre la cabeza.


 Para llegar hasta allí cruzamos el río (en la otra orilla no había orangutanes que pudieran robarnos hasta el carnet de identidad) y nos cambiamos de ropa. Comenzó a llover como si no hubiera un mañana, continuó lloviendo toda la tarde y toda la noche, con lo que no hacía más que acordarme de los que dormían en las tiendas al lado del río.


UNA ADVERTENCIA: Si vais allí, ojo con el té que te sirven por litros. Lo hacen con agua del río. Hervida, sí, pero del río. Creo que no necesito explicaros lo malos que nos pusimos todos al día siguiente, ouch!


No todo iba a ser cocinar con agua del río. Lloviendo tanto, nada mejor que recoger ese agua de lluvia en cubos de pintura para poderla aprovechar.


Bueno, el caso es que así pasamos las horas hasta el anochecer, jugando a las cartas y bebiendo té. Tras la cena seguimos jugando a las cartas a luz de unos faroles hasta que sacamos las esterillas y las mosquiteras para pasar una noche totalmente en vela oyendo llover en la selva (y rezando por no tener ganas de hacer pis, recordando que en la selva de Sumatra hay tigres, serpientes y a saber qué peligros más y que en la cabaña no había baño).


Al amanecer, aunque seguía lloviendo, estas fueron las vistas que nos  recordaron que todo había merecido la pena.


Realizamos otro trekking cuando amainó un poco, no vimos más orangutanes pero nos internamos más en la selva, trepando por raíces gigantes y sobornando a los monos con plátanos que llevábamos en la mochila. Tras el paseo bajamos de nuevo al río y volvimos al pueblo en una especie de rafting típico de la zona compuesto de ruedas de camión. La verdad, bañarse en mitad de la selva no tiene precio.



Tras llegar a casa de Uddin, ducharnos y tratar de recomponernos, cogimos el coche y nos fuimos a Medan, donde hicimos noche en un sitio muuuuy cutre y lleno de mosquitos y al día siguiente cogimo sle vuelo para Java. Pero esto os lo contaré ne otra entrada.

lunes, 3 de julio de 2017

CHAMPÚS DESSERT ESSENCUE: MANZANA Y JENGIBRE

Buenos días y feliz semana a tod@s!! Seguimos analizando los champús de Dessert Essence. En esta ocasión toca hablar de la línea de manzana y jengibre para dar volumen al cabello. En esta entrada, en la que hablamos del champú de coco, os pongo al día de cómo es mi pelo para que sepáis lo que busco o lo que necesito, y podáis valorar si el producto es adecuado para vosotros o no.
Este champú es uno de los best sellers de la marca, del que más opiniones se encuentran en la red (junto con el de coco), y otro de mis elegidos cuando me pasé a los champús naturales. Pensé que estaría bien alternarlo con el de coco, para controlar la grasa que pudiera dar el anterior y buscar ese volumen que promete.

Como todos los productos de la marca, está libre de parabenos, phtalatos, siliconas, perfumes o colorates artificiales, Laureth Sulfatos, derivados del petróleo, glycoles o EDTA (compuesto químico ácido de función quelante que no sé porqué se considera dañino pero así es). Los ingredientes son orgánicos y con certificado bio en su mayoría.


La verdad es que el INCI de estos productos me parece increíble. Si lo véis, el primer ingrediente del champú es el zumo de aloe vera, seguido del extracto de manzana. Esto no me lo había encontrado nunca. Luego tiene distintos derivados del coco, glicerina, raiz de rábano fermentada, extracto de jengibre, cloruro de sodio, aroma natural, pantenol, raíz de maca y yuca, extracto de ortiga, consuelda(planta conocida como la hierba milagrosa sobre la que tengo que investigar más), alga kelp y sauce. El ácido cítrico y el sorbato de potasio (ácido ascórbico) son conservantes de la familia de la vitamina C. Y nada más. Una lista de ingredientes irrepochable. ¿Y el Acondicionador? Los ingredientes son prácticamente los mismo pero añadiendo elementos suavizantes como aceites de jojoba y girasol y manteca de karité.


El champú deja el pelo limpio, suelto y sin apelmazar. Hay que tener cuidado y aclararlo bien. El volumen que deja no es extremo pero sí se nota más voluminoso. Hay quien dice que le pelo le dura más limpio, en mi caso no es así pero tampoco aporta grasa. El olor es muy agradable y fresco, aunque no perdura mucho, lo cual es una pena. Mi melena queda brillante y suave, aunque el acondicionador es imprescindible para poderla desenredar luego bien. El acondicionador, aplicado de medias a puntas, lo deja nutrido, suave y suelto. Lo he estado usando bastante tiempo, he gastado tres botes si no recuerdo mal, y me tenía bastante contenta, pero admito que los que estoy probando ahora me gustan aún más (aún es pronto para hacer una review completa, pero adelanto que son de Giovanni). No obstante, sí que los recomendaría, desde luego es el INCI más impecable y natural que he visto nunca.

Como puntos negativos, lo mismo que en anterior, el producto en el champú sale fatal por el dosificador, y no hace mucha espuma, lo que significa que no cunde demasiado y que tienes que asegurarte de que lo has aplicado bien por todo el pelo para que éste quede bien limpio.

Y a vosotros ¿Qué os parece este champú? ¿Os gusta si lo habéis probado?

¡¡Animaros a comentar!!